domingo, 28 de abril de 2013

JUANITO - Verano del 62


Juanito era un niño que llegó a este pueblo, situado en la costa mediterránea, cuando en los tiempos de la postguerra sus familiares emigraron hacia el norte por necesidad de trabajo y alimentos.

Desde muy pequeño sus facultades de niño travieso quedaron plasmadas en los recuerdos de todos los aldeanos, ni que decir tiene que nada bueno.

Los días pasaban y su temprana edad no fue excusa para las animaladas que llegó a hacer en el pueblo; algunos hasta celebraron con fiestas y borracheras el día que, ya mozalbete, se fue a la ciudad.

Todo empezó un verano; su madre, mujer trabajadora y muy respetada, servía en casa de unos señores de alto copete, él pasó desapercibido casi un año, pero cumplió los diez y la biografía de "un golfo" empezó a escribirse; en este tiempo hizo amigos con los cuales tramaría todas sus fechorías llevándolas a cabo hasta límites insospechados, travesuras de niños claro ¡¡¡.

Mientras su madre ejercía su trabajo en casa de los señores y ante la imposibilidad de cuidar de él, se lo encomendó al párroco de este pueblo con el fin de tenerlo un poco controlado; a regañadientes ayudaba de monaguillo en la iglesia, celebraciones de la misa, bautizos, comuniones y demás sacramentos, sus funciones terminaban hacia el mediodía, al caer la tarde se reunía con sus amigos para jugar y tramar miles de aventuras que llenaban las horas de aquellos muchachos hasta que, a grito pelao, los reclamaban sus madres para la cena.

Un buen día, después de una misa, andaba revisando los bancos de la iglesia, como siempre, por si alguna persona se había olvidado algo, cuando en uno de ellos vio un monedero viejo y medio destartalado; la orden dada por el párroco era que todo lo que se encontrase se lo llevase a la sacristía y lo dejase encima de una mesa que había en la estancia; Juanito, sin pensarlo dos veces, recoge el raído monedero y hace caso a lo ordenado dejándolo en la mesa; cada día la misma historia y casi cada día alguien se olvidaba alguna cosa.

A medida que el tiempo pasa a Juanito le va royendo la curiosidad sobre donde iban a parar todas aquellas cosas que él encontraba en los bancos de la iglesia, ansioso por una respuesta se encamina hacia la sacristía y al ver al párroco le pregunta sobre el tema, este le replica que todo aquello se va guardando hasta que sus dueños lo reclaman, pero una duda cruzó rauda y veloz por la mente de Juanito... “Y si no los reclama nadie???”.

La duda corroía al monaguillo hasta que un buen día y en un despiste del seglar, se dedicó a chafardear todos los armarios de la habitación. Sus ojos se abrieron de admiración, había encontrado uno de ellos repleto de monederos y multitud de cosas olvidadas por los asistentes a la celebración; después de repasarlos, uno a uno, vio con estupor que en muchos de ellos habían algunos billetes y muchas monedas; sin pensarlo dos veces cogió de uno de ellos un billete, cerró el armario y salió de estampida hacia la calle.

Con su tesoro, un billete de veinticinco pesetas, parecía el rey del mundo, un magnate del petróleo; la picardía de Juanito se puso en marcha y sin titubear se encamina hacia el comercio más cercano... “Mi mamá me ha dicho que si pueden cambiarme este billete por monedas”, el comerciante ante la cara risueña y angelical de Juanito no duda un momento y le da al zagal cinco monedas de “duro” y un caramelo de regalo.

Juanito más inflado que un sapo sale a la calle con sus cinco monedas y con toda la intención de pasárselo en grande comprando todo lo que se le antojaba, una baldufa, unos tebeos, dos paquetes de pipas y cromos; dados los tiempos que andaban los cinco duros tenían un valor mucho mayor que nuestro billete actual de diez euros. Después de comprar sus regalos todavía le quedaban tres monedas, recorre el pueblo hasta encontrar a sus amigos y se funde lo que quedaba tomando refrescos con ellos. Acaba el día.

Viendo que su fechoría había quedado impune, Juanito se dedica a “pedir prestado” un billetito cada dos o tres días, acabando como “jefe” del comando de chavales de este pueblo.

Al ser época estival y siendo un pueblo costero, las estrechas callejuelas y la plaza estaban inundadas de gentes venidas de lejos, esos “pobres” turistas; más de uno de ellos se llevó como recuerdo alguna travesura de la descontrolada pandilla de Juanito; un descuido y los paquetes de tabaco que encontraban en sus autos desaparecían como por arte de magia, más bien por la sigilosa mano de alguno de ellos que, muy disimuladamente, los rapiñaba.

Más tarde y en el claro de un pinar cercano al pueblo, la pandilla reunida hacía recuento de sus pequeños hurtos pasando al reparto del botín. Juanito abre un paquete de tabaco y enciende un cigarrillo; un ahogo descomunal, una tos de perro hace que apague bruscamente el pitillo e intente por todos los medios coger el aire que aquella humareda le había negado. Su curiosidad sigue en aumento y a la vez que ofrece unos cigarrillos a los demás, toma otro entre sus minúsculos dedos y lo enciende; esta vez aguanta la tos y termina fumándoselo entero, no sin notarse algo extraño y sudoroso.

Juanito se despide de sus amigos y encamina sus pasos hacia el centro del pueblo, por el camino de vuelta sigue encendiendo un cigarrillo con la colilla del anterior hasta casi acabar con el paquete; dando traspiés y sin saber bien lo que le está ocurriendo cae sentado en un callejón peatonal quedando profundamente dormido; su primera “cogorza” ha hecho mella en su pequeño cuerpo.

Despierta casi de noche sin saber bien ni donde estaba ni lo que había ocurrido; sobresaltado sale pitando hacia donde se hospedaba su madre pensando en la paliza que se le avecinaba; no eran horas de que Juanito estuviese en la calle y sobre todo sabiendo que ella lo habría estado llamando hacía horas sin recibir contestación. Así pasó, con el culo más colorao que un tomate y sin cenar, el gañan termina su hazaña en la cama del hostal.


PLACER


Fuiste mía por segundos,
sin retenerte,
fui tuyo por momentos,
sin conocerte...
Fuimos...

PIJOS.....


Un refrán que puse en circulación hace un montón de tiempo ha vuelto a darme la razón.

"Donde pisa un PIJO no vuelve a crecer la hierba".


Desde que empecé en el mundo laboral, hace años ya, había en mi ciudad cantidades inmensas de buenas "tascas" donde irse a almorzar, la comida abundante, calidad, los postres exagerados, el vino de bota de roble auténtico, los carajillos del copón, las copas, recopas y enjuagues era lo normal de cada establecimiento.

Siempre había mesa para cuatro o cuatrocientos, las brasas no daban abasto dorando chuletas, costillas, ternascos y demás suculentos platos, las mesas llenas de aldeanos, trabajadores de manos agrietadas y rudas, un porrón de buen vino presidiendo aquella mesa repleta de buenos manjares, atmósfera copada de miles de aromas cotidianos, de caliqueños humeantes, de brevas gallegas, tabaco de pipa, cigarros liados con aquellas aguerridas manos.

El posadero, señor amplio de buche, cabello ralo, una sonrisa inocente y cordial, gritando entre el bullicio de bar...

"De quien es este potaje ¡¡¡".

Después de llenar hasta la campanilla, llegando la hora de pagar por los servicios?...
"Dame cien duros y ya está bien" (3€).

Pero llegaron los PIJOS ¡¡¡¡.

No sé quien se fue de la lengua, no sé quien dijo a sus adinerados amigos...

"Vamos a reírnos un poco de los palurdos de este bar".

Y lo consiguieron más de lo que puedas imaginar.

Con el tiempo y con lo goloso que es el dinero, esos establecimientos empezaron a tener una transformación parecida a cuando una crisálida comienza su metamorfosis.

Teléfono para pedir mesa, los precios pasados de madre, la comida ya no es lo que era, "esos" se lo comen todo, su paladar no distingue de un buen potaje a una tableta de caldo manufacturado.

Con el tiempo, y como "esos" se cansan enseguida, pues por lo que vinieron a reírse desapareció de por vida, no vuelven al lugar y empiezan a buscar otro establecimiento donde destrozar la vida de cuatro aldeanos más.

El posadero, ni tan gordo y con uniforme, ve como su establecimiento va quedando vacío día a día, no entiende que se vendió al dinero, y el dinero se busca a sí mismo, quedando solo y sin ningún aldeano que le dé conversación.

No se dio cuenta que los que le daban alegría eran los cuatro de siempre, con sus gritos, sus conversaciones sobre temas sin trascendencia, sus caliqueños y sus puros, sus cigarrillos liados, sus carajillos, copas, recopas y demás tonterías que daban un cálido ambiente a su hogar, a su establecimiento.

Tuvo que cerrar. 

CENTENARIO


Soy viejo, lo cual me da el derecho a la pataleta, al cabreo, a ser intransigente respecto al futuro incierto al que me someten.

Me presento... soy un olivo, centenario, inquieto; las historias que llevo en mi cuerpo son inmensas, guerras, fríos inviernos, gobiernos, mamelucos impotentes intentando conquistar el mundo,... y yo presente en todos esos acontecimientos, reportero gráfico de toda una era de locura generada por un simple animal, dicen que cuerdo, el hombre.

Voy para el milenio, toda una vida llena de buenos y malos recuerdos; aquel? se ahorcó en una de mis ramas, aquella? parió en mis faldas, aquellos? durmieron a mi lado en campaña, las balas pasaron rozando mis frágiles tallos; en época de recogida di mis mejores frutos para dar vida a muchos de ellos, complaciente, sin inmutarme por la cantidad de palos que recibió mi cuerpo, pasó el tiempo.

Mis arrugas muestran los años, mis raíces incrustadas profundamente en la tierra de este pueblo, mis historias grabadas a estilete sobre todo mi cuerpo, corazones, nombres, "yo amo a ella", un sin fin de recuerdos entregados a mi custodia, yo? contento.

Arrancaron mis raíces de cuajo, transportaron mi cuerpo sin tener en cuenta el daño ocasionado, empotraron mis ilusiones de seguir siendo un simple árbol;  olvidado al lado de una carretera demasiado transitada, "Olivo centenario" rezaba en mi espalda, flagelaron mi intimidad alegando mentiras infundadas.

Mis días acabaron en el jardín de un idiota que ni tan siquiera tenía idea de mi cuna, la moda del olivo centenario se extendió entre los humanos, desgajaron todas las colinas, masacraron montañas enteras con el único propósito de hincharse como sapos pues tenían a un patriarca, preso, desolado, sin importarles que lo habían asesinado.

Seco, sin agua en mis venas, descuidado, muero en este mínso prado, el jardín de un desalmado.


CARTA



Hoy me he quedado estupefacto ¡¡¡
He recibido una carta escrita a lo antiguo, a mano.
Hacía años que no contemplaba tanta belleza, grafismos perdidos en el tiempo, a plumilla, un amigo.
He de guardar este documento histórico como un tesoro llovido del cielo, me ha hecho pensar en tiempos pasados, cuando las noticias familiares llegaban a cuentagotas y tardías, cuando no había prisas, cuando nunca faltaba tiempo para hacer cualquier tontería, cuando el reloj no era importante, cuando la vida era una sinfonía.
En su escrito comenta historias de otros tiempos, momentos pasados de nuestras vidas, recuerdos hermosos, distantes, ciertos, noticias actuales, su vida en un momento.
He de buscar mi plumilla para escribir una carta a mi amigo del alma, he de devolverle el cariño expresado en cuatro letras, a lo antiguo, a mano y con las palabras temblorosas de mi puño y letra.

Voy a escribir una carta...

viernes, 26 de abril de 2013

Mi valle - 2003



Mi valle está en peligro, mi única isla está asediada por feroces agentes inmobiliarios y políticos inconscientes con gula de millones.
Mi valle...... último reducto de felicidad, gratitud, soledad, salud, mi valle tiene los días contados, los campos medidos, los planos elaborados, los bosques evaluados, los animales escondidos, las aves pensando... ¿Mi nido?
Siempre el mismo cuento y las mismas atrocidades, necesidad urbanística, dinero fácil.
En las cercanías se encuentran zonas de recreo de gentes adineradas, pistas heladas, torres electrificadas, amasijo de cables, riostras, elevadores, esquiadores, apartamentos y multitud de elementos que desgracian la vista y los alrededores.
Motores, cañones, ruidos, basura, penas innecesarias para las criaturas que pueblan los bosques, las llanuras, los ríos, las alturas.
Muere la paz, muere el silencio, ruidos mecánicos llenan mi cielo......
Mi valle muere...... sin saberlo.





RECHINAR DE HIERROS


Rechinar de hierros...  por los raíles elevados de la fábrica iban y venían grandes rollos de acero, ruidos estridentes, agudos, fuertes golpes acompasados masacraban mi cerebro, ocho horas de terror; mis compañeros se negaban a levantar la vista, las palabras silencio, metalúrgica prisión.

Recuerdo que en la entrevista todo fueron buenas caras, sonrisas; el puesto de trabajo a ocupar... peón, (siendo alquimista), pero los emolumentos no eran malos con relación al resto.

Empecé a temblar cuando al llegar a dicha empresa nos recibió un "bien vestido", nos apartó en una sala y después de darnos la bienvenida nos dijo, "Aquí no se habla ni de política ni de sindicatos, si queréis hablar de algo?, hablar de putas y de fútbol, sino?... la puerta es muy ancha". 

Ya en la línea de producción, miles de vigas de acero troqueladas seguían un mismo rumbo, semejante a la procesionaria desplazándose por las ramas de un pino, llegaban sin cesar, una tras otra, la guillotina asestaba un fuerte golpe dejando un fino corte, casi mortal; al final de cada pieza mi compañero agarraba la pesada carga invitándome a hacer lo mismo con la parte que me tocaba, he de decir que estas rondaban los ciento veinte kilos,

Un momento de descuido, una viga tambaleante, intento asirla y en un instante, como bisturí de cirujano, deja una fina línea roja en mi muslo derecho, un sabor dulzón en la boca, un torrente de sangre roja empieza su veloz desfile por mis ropas, me desmayo.

Entre la ruidosa cadena nadie se da cuenta, la máquina traicionera sigue escupiendo acero, las vigas se acumulan en el suelo hasta que mi compañero da la voz de alarma y para la cadena de un golpe certero al botón de emergencia.

Después de unos días de tratamientos, de relajo absoluto, de paz y sosiego?, vuelvo al trabajo; mi puesto de trabajo está ocupado por otro compañero; el encargado me asigna una nueva función, soldadura con Argón... miedo.

La máquina en cuestión tenía más taras que las prendas de vestir que venden en los mercadillos de ocasión, las defensas oculares obsoletas, las cortinillas separadoras de la potente chispa eléctrica? como mi boca, desdentadas, vuelven las malditas ocho horas diarias de terror.

Pasan los días y las quejas dirigidas al encargado de turno acaban en la papelera, dos compañeros en cada máquina, uno a la derecha y otro a la izquierda; un nuevo turno comienza y me coloco en mi costado, las piezas pasan raudas por nuestras manos, los chispazos atacando como fieras, ni me di cuenta del amigo que tenía a mi lado; una pieza se encasquilla y me dirijo a él para ayudar en el desaguisado, lo miro a la cara, siempre veía el mismo lado, el corazón me dá un vuelco ¡¡¡¡, toda su parte derecha era la viva cara del "hombre elefante", le pregunto y me responde, "Ojo con el Argón que es muy traicionero", asustado vuelvo a mi lado hasta acabar la jornada.

Cambiándome en los vestuarios, me lavo la cara, las manos, miro hacia el espejo y me vuelvo a desmayar, la visión que reflejaba era una copia exacta de la del compañero de máquina.

Sin pensar salí por la puerta sin mirar atrás...

Experiencias propias


NIÑOS...


Dedicado a mi gran amigo Eduardo Amela

Los juegos infantiles se perdieron.

Recuerdo cuando era un niño, cuando teníamos el año dividido por juegos; las limas, las canicas, los tacones de zapato, cromos, chapas de botella... y un sinfín de actividades con su fecha concreta.

La pandilla de chavales de mi barrio siempre andábamos enzarzados entre los deshechos que algunas fábricas del lugar vertían en un barranco; nosotros controlábamos todo aquello que pudiese tener una aplicación en nuestros juegos, un filón de juguetes gratuitos desparramados en aquel vertedero.

El poco dinero que llegaba a nuestras casas no daba para hacer despilfarros en las tiendas de juguetes, nuestra carencia hacía despertar el ingenio de tal forma que no dejaba que el aburrimiento hiciese mella ni un segundo de nuestros cuerpos.

El crudo invierno no era obstáculo para nuestras reuniones callejeras, nos perdíamos en los olivares buscando la mejor horquilla con la que confeccionar un buen “tirachinas”, las cámaras de la bicicleta del  abuelo servían como elásticos, un pedacito de cuero... y hecho; pasábamos las horas puliendo aquella rama hasta dejarla reluciente, con un poquito de guíta reforzábamos los anclajes del elástico, el cuero y la base de la empuñadura. Las horas corrían sin cesar en un simple campeonato de tiro, cualquier lata o botella eran blancos perfectos para nuestras muestras de puntería; pasaba el tiempo.

Llega Marzo y con él el viento.

Excursión al cañaveral, buscamos las cañas más perfectas con la intención de, con ellas, montar una cometa; papel de seda multicolor, visita al vertedero pues una de las fábricas es de hilados y los rollos defectuosos andaban amontonados en el barranco; con esmero vamos colocando las finas cañas y el papel, con una mezcla de harina y agua pegamos cuidadosamente los bordes del papel a los tensores de hilo hasta hacer un hexágono perfecto, rodeamos el perímetro de esta con volantes multicolores y adosamos como cola un montón de trapos viejos cortados a jirones. Tras un tiempo prudencial de secado nos juntamos todos en una explanada y, cruzando los dedos, echamos a volar nuestras cometas; Un espectáculo multicolor llena nuestro cielo a la vez que gritamos de alegría a ver que nuestro ingenio lleno otro momento de nuestras vidas; y pasa el tiempo.

El verano se acerca a pasos agigantados, las canicas quemando en nuestros bolsillos, los tacones de zapato dejan negras nuestras manos, los cromos, las limas, arcos y flechas, dardos; multitud de juegos gratuitos que llenaron de alegrías todas las horas del mundo de unos niños, entre ellos yo, sin destrozar los presupuestos familiares; la picaresca agudizó nuestro ingenio.

Y llegó otro año, y uno más...

No como ahora que tiemblo solo de pensar en la evolución de nuestra raza, cuando por manos solo tengamos dos muñones...
Uno para el mando de la consola y el otro para el teléfono móvil.

Murió el ingenio.


LA MILI !!!



El día más feliz de mi vida?...

Cuando delante de un Tribunal militar esperaba la resolución a mis alegatos, tres uniformes con un par de huevos fritos con puntillas en cada hombro, releyendo mis papeles.

Después de momentos de tensión e incertidumbre uno de ellos se dirige a mí y con voz marcial dice:

"INUTIL"

Mi corazón dio un salto que tuve que agarrarlo para que no saliese de mi pecho, mi vida empezó en aquél sublime momento.

"Nunca pegaría un tiro, nunca llenaría mi cuerpo de elementos contradictorios a mi pensamiento".

Y hasta hoy le he cumplido.


11M - En memoria de las víctimas de Atocha



De malva se ha teñido
el corazón del Toro,
una estocada mortal,
sin compasión,
asesinando ilusiones,
masacrando la razón,
sembrando luto en las entrañas
de mi España...
desesperación.

No hay palabras,
solo odio contenido,
respeto por los caídos,
y...
malnacídos aquellos
que mi tierra empañan
de sangre y destrucción...
a nadie engañan.


LOS HIJOS



A lo lejos una polvareda, un auto lentamente se acerca por la vereda, una pequeña y destartalada casa, medio escondida entre unos chopos, su destino.
Tras los cristales una mirada, unos ojos marchitos por las lágrimas derramadas, la sonrosada cara de una viejecita observa como aquel auto se aproxima, su corazón da un vuelco; en los laterales de aquel auto sendos emblemas militares, dos oscuros personajes ataviados con flamantes uniformes ocupan aquella visita inesperada, el auto se para.
Con solemne actitud uno de ellos se apea del vehículo, algo demasiado conocido bajo su brazo, se acerca a la viejecita y con profundas palabras le dice:
" El estado le agradece su sacrificio, su hijo ha dado la vida por su patria, estamos orgullosos de él".

Con una reverencia le hace entrega de la bandera del país y un pedazo de metal engarzado en una aguja donde reza, "Medalla al valor en combate".

Efectuando el saludo militar, se despide de la viejecita, da media vuelta, sube al auto perdiéndose en la polvareda ocasionada al venir.

Como un rió embravecido las lágrimas vuelven a brotar de aquellos ajados ojos, temblores inquietantes recorren todo su cuerpo, su corazón galopa desbocado, cae de bruces sobre aquella bandera gritando...

Malditos hijos ¡¡¡, con lo que cuesta hacerlos hombres ¡¡¡...

El silencio cae bruscamente sobre el lugar, solo queda una pequeña figura caída sobre un absurdo estandarte y un pedazo de metal rodando escaleras abajo...

Cae la noche.